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tarahumaras O RARAMURIS “HOMBRES DE PIES LIGEROS”

Descendientes de cazadores y recolectores que cruzaron el estrecho de Bering de Asia hace 15,000 a 20,000 años. Esta tribu mexicana, más exactamente Clovis se asentó alrededor del primer siglo A.C. Al día de hoy una población de alrededor de 120,000 Rarámuris, Tarahumaras, Tepehuanes, Pimas y Varohíos viven en la vasta zona de la Sierra Tarahumara. Por elección propia han decidido vivir una vida apartada de la modernidad occidental en la austeridad de casas de madera, adobe e inclusive en cuevas naturales esparcidos en el área de la sierra en pequeñas comunidades o “rancherías”. Se dedican a la agricultura, cazadores, recolectores y crianza de animales de granja. Su dieta principalmente es a base de frijol, maíz y pequeños animales de granja.

Gran parte de las actuales tradiciones de los Rarámuri son una apropiación de lo aprendido de los misioneros jesuitas durante los casi 150 años de convivencia en la época colonial. Expulsada la orden en 1767, los Rarámuri reinterpretaron el cristianísimo, vaciaron símbolos y ritos en sus propios moldes, dejando lo que nada les decía y conservando y adaptando a su expresión cultural simbólica el resto.

En la actualidad muchas de las misiones Jesuitas siguen siendo el centro de reunión religioso y social de estas comunidades y albergan un pasado único en la prueba indeleble de su conversión. Los Rarámuris son mundialmente conocidos por su habilidad y resistencia para correr en la caprichosa e inaccesible Sierra Tarahumara. La competencia más conocida es el carrera de bola o rarajipari entre hombres, y la de mujeres lanzando unos aros o rowema , que consiste en patear una pequeña pelota de madera día y noche y que puede durar hasta una semana cubriendo distancias de más de 100 km.

Durante la noche los competidores se acompañan de otros corredores con antorchas que van alumbrando el camino, además de tomar “tesgüino” una bebida fermentada a base de maíz. Son excelentes artesanos, especialmente las mujeres que basan una parte de su economía en este oficio: la cerámica siempre representativa en color rojo, las figuras de madera talladas a mano y los tejidos de canastos en una gran variedad de tamaños y formas. Su vestimenta tradicional es tan vistosa y particular que es difícil confundir su origen. Su cultura está basada en el respeto hacia el otro y en una obligación mutua de ayuda y consideración.

Sus bailes, música y tradiciones siempre representan la unión y el entendimiento entre la madre naturaleza proveedora de vida y el respeto a ella. Su constante mensaje consiste en el entendimiento de que “todos somos parte de la madre naturaleza, sin necesidad de poseerla. Cuando tu mente y tu corazón entiendan esto, entonces te convertirás en su hijo, serás parte de ella y encontrarás paz en tu interior”.